lunes, 20 de junio de 2016

La gente feliz




“La gente feliz no experimenta  un éxito tras otro y la gente infeliz, un fracaso  tras otro. Por el contrario, estudios  muestran  que tanto la gente feliz  como  la infeliz  tiende a tener  experiencias similares  en  su vida. La diferencia  esta en que la persona  infeliz  promedio gasta mas del doble de tiempo  pensando en los eventos  desagradables,  mientras  la gente feliz  tiende a buscar  pensamientos  que  destaquen  su visión personal  de si mismos y a confiar en ellos".

 Alumna:Hilda Perez
  

Se cosecha lo que se siembra


Un noble inglés le debía un favor a un agricultor, y fue a visitar lo para recompensarle.
-No, yo no puedo aceptar una recompensa por lo que hice – respondió el agricultor, rechazando la oferta.
En ese momento, el hijo del agricultor salió a la puerta de la casa de familia.
-¿Es ese su hijo? - preguntó el noble.
-Si –respondió el agricultor lleno de orgullo.
-Le voy a proponer un trato: Déjeme llevarme a su hijo y ofrecerle una buena educación. Si èl es parecido a su padre crecerá hasta convertirse en un hombre del cual usted estará muy orgulloso.
El agricultor aceptó. Con el paso del tiempo, el hijo de Fleming el agricultor se graduó en la Escuela de Medicina de St. Mary’s Hospital en Londres, y se convirtió en un personaje conocido a través del mundo, el notorio Sir Alexander Fleming, el  descubridor de la penicilina.
Algunos años después, el hijo del noble inglés cayó enfermo de pulmonía. ¿Qué lo salvó? La penicilina
El nombre del noble inglés era Randolph Churchill. Su hijo se llamaba Sir Winston Churchill.

Alguien dijo una vez: "Siempre recibimos a cambio lo mismo que ofrecemos".

Alumna: Milena Trejo

martes, 24 de mayo de 2016

La ley del talión


En una familia, un niño observaba cómo todo el mundo trataba mal al abuelo, un anciano torpe de mucha edad, recriminándole cuando rompía algo, cuando se le derramaba la comida, cuando era incapaz de hacer muchas cosas por si mismo. En vista de sus manos temblorosas, el padre del niño le había hecho un cuenco de madera, para evitar que siguiera rompiendo los platos de cerámica cuando se le caían al suelo.
Un día, el padre sorprendió a su hijo pequeño intentando hacer un cuenco de madera muy parecido al que usaba su abuelo. Ante la pregunta de su padre de por qué hacia eso, el niño respondió: <<Lo estoy haciendo para ti, papá, para cuando seas viejo>>.

      Desde aquel momento,  nadie volvió a tratar mal al abuelo.   

Alumna: Mónica Páez       

Tu valor no cambia


Un orador inicio su seminario mostrando al auditorio un billete de 20 euros. Dirigiendo a los espectadores, pregunto:
--¿Quiénes quieren el billete? 
Muchas manos se levantaron. Luego dijo:
 --Se lo voy a dar alguno de ustedes, pero primero permítanme hacerle esto…
Cogiéndolo  con ambas mano, lo convirtió en una bola, dejándolo todo todo arrugado. Entonces volvió a preguntar:
--¿Quien lo quiere todavía? Las manos volvieron a subir bien ¿y si le hago esto…? lo dejo caer al suelo y lo pisoteo. Lo recogió y volvió mostrarlo al auditorio. Y así, todo arrugado y sucio… ¿Todavía lo quieren? Las manos se mantuvieran arriba. ---
--Amigos han prendido una lección muy valiosa: no importa todo lo que haya echo al billete, ustedes de cualquier manera lo quieren porque su valor no ha disminuido. Sigue valiendo los mismos 20 euros.

“Muchas veces nuestras vidas caemos, nos arrugamos, o nos revolcamos en la tierra por la decisiones q tomamos y por las circunstancias q nos rodean. Llegaos a sentir que no valemos nada. Pero no importa lo que álamos pasado cuanto pueda ocurrirnos, nunca perdemos el valor que tenemos ante los ojos de dios. Sucios o limpios, abatidos o victoriosos, para El somos igualmente valiosos.

Alumno: Sayin Rivero

domingo, 15 de mayo de 2016

LA RANA QUE HACIA LLOVER

Había  una vez, en un pantano muy húmedo, una rana que tenía la capacidad de hacer llover con su canto. Esta rana era feliz siempre estaba saltando y riendo por todos lados lado pero lo que mas le gustaba hacer era cantar, bellas melodías salían de su boca. Pero eso siempre ocasionaba que lloviera .Cada vez que se paraba sobre una gran roca que quedaba cerca de su charco favorito comenzaba a ejercitar su garganta para entonar y, de este modo, las nubes se oscurecían  y grandes relámpagos se veían en el cielo. Cuando veían que  Rimoldo la rana se acomodaba en la roca, todos los animales del lugar huían a buscar un refugio para protegerse de la lluvia que se aproximaría.
Rimoldo estaba feliz por cantar y no le importaba que se mojara. El siempre cantaba: “no hay que enojarse mis amigos por esta lluvia imprevista que al fin y al cabo las gotas no lastiman”. Pero siempre había una lagartija malhumorada que le contestaba “no lastiman pero molestan. ¿Acaso no te das cuenta de que vos atraes la lluvia?”. Él nunca oía las ofensas, porque se concentraba en cada tono de su canción, lo que hacia llover con más fuerzas.
Una tarde que paseaba a los saltos por el pantano, se encontró con todos los animales del lugar reunidos para darle un mensaje: “No quisimos llegar a esto, pero tenemos que decirte que te vayas de aquí. Ya no soportamos que tu canto traiga la lluvia que tanto nos molesta”, dijo una rata que representaba al grupo. Rimoldo se puso tan triste que comenzó a llorar, y dando brincos se fue del lugar.-
Los días pasaron y todos estaban contentos de que ya no lloviera más. Pero la alegría no les duró por mucho tiempo, ya que el sol comenzó a presentarse mas seguido y las sequias comenzaban a atacar. Los charcos desaparecían al secarse, los pisos empezaban a quebrarse por la falta de humedad y las plantas no crecían más por falta de agua. Poco a poco empezaban a extrañar a Rimoldo. Ya ni siquiera las noches eran frescas, todos se lamentaban por lo que habían decidido.
El camaleón se ofreció a ir en busca de la rana que hacia llover. Recorriendo los lugares de la zona pudo encontrarla en un lago sobre una hoja de loto muy triste mirando hacia el agua.
Todos los habitantes del pantano se preguntaban si el camaleón tendría éxito en su búsqueda y sobre todo en el convencer a Rimoldo de que regresara a su antiguo hogar. Un día vieron que la rana y el camaleón volvían juntos. Los animalitos se pusieron contestos, pero Rimoldo seguía triste. Entonces prepararon una fiesta sorpresa para la rana cantante. Una fiesta en donde cada animalito entonaba una melodía diferente, haciendo todos juntos un coro.
Rimoldo se puso tan contento con aquella sorpresa que comenzó a cantar nuevamente y la lluvia retornó al lugar. “Rimoldo, perdónanos por lo que te dijimos, fuimos unos tontos”, dijo la rata que volvía a representar al grupo. La rana los miro y con una gran sonrisa los invito a que siguieran cantando junto a él, bajo la lluvia que no ha de doler.-

Alumna: Herminia Bravo

 

lunes, 25 de abril de 2016

EL PARAISO

Hace algún tiempo, en un monasterio vivía un monje cuya vida transcurría entre la oración y el trabajo. El poco tiempo que le quedaba, lo invertía en ir a un hospital cercano, donde atendía y cuidaba de la gente necesitada que recalaba allí: ancianos, niños abandonados, enfermos... Había entrado muy joven en el monasterio, y en esa vida agotadora de oración, trabajo y servicio fueron pasando los años.
Un día, recibió la visita de un ángel de luz, que le dijo:
—Vengo a decirte, de parte de Dios, que tus días se han acabado. Vente conmigo al paraíso: tu labor en este mundo se ha cumplido.
Sin dejar de hacer sus faenas cotidianas, el monje replicó:
—No quiero parecer descortés, pero, ¿No podrías venir en otro momento? Todavía no he acabado de hacer la cena y, además, mañana tengo que atender a mucha gente en el hospital.
El ángel asintió, y se marchó. Pasó algún tiempo. El monje iba envejeciendo pero, a pesar de sus cada vez más menguadas fuerzas, seguía con su vida de siempre. Un atardecer, volvió a recibir la visita del ángel, y el monje volvió a excusarse, diciéndole que todavía no podía acompañarle, pues tenía muchas cosas que hacer.
Las visitas se repitieron algunas veces más, pero el monje siempre daba evasivas, y seguía con sus tareas. Hasta que un día, el monje se sintió muy viejo y muy cansado, y comprendió que, aunque quisiera, ya no podría seguir haciendo su vida de siempre. Por eso, cuando volvió a recibir la visita del ángel de la muerte, no se resistió, y le pidió que, ahora sí, le llevara por fin al paraíso, para poder descansar. Al oír su petición, el ángel le contestó:
— ¿Qué quieres ir ahora al paraíso? ¿Dónde te crees que has estado durante todos estos años?

Alumno: Ezequiel Cuenca
 


domingo, 17 de abril de 2016

El destino

Un discípulo se acercó a su maestro de sabiduría y le dijo:

--Maestro, encontré a un caracol en la carretera, lo cogí y lo 

puse en mi jardín para que no fuera aplastado por lo coches.

El maestro respondió:

--¡Idiota!, ¿cómo te atreves a perturbar el destino de esa 

criatura?

El discípulo se marchó avergonzado, volvió a su jardín y,

tomando nuevamente al caracol, lo devolvió a la carretera.

Nuevamente volvió a su maestro y le dijo:

--Maestro, devolví el caracol a su lugar para que se siguiera el

 curso de su destino.

El maestro le dijo otra vez:

--¡Idiota!, ¿cómo te atreves nuevamente a perturbar el

destino de esa criatura?

Alumno: Matías Rosales




El pozo


Un hombre cayó en un pozo, y no podía salir.
Una persona subjetiva pasó y le dijo: “Lamento que estés allí abajo”.
Una persona objetiva pasó y le dijo: “Era lógico que alguien se iba a caer en ese pozo”.
Un fariseo pasó y le dijo: “Sólo las personas malas caen en pozos”.
Un matemático calculó cuán profundo era el pozo.
Un periodista quería la historia exclusiva sobre la caída en el pozo.
Un inspector de Hacienda quiso saber si estaba pagando impuestos por el pozo.
Un vendedor dijo: “No has visto nada si no has visto mi pozo”.
Un predicador de plagas y castigos dijo: “Te mereces el pozo”.
Un científico observó: “El pozo está en tu mente”.
Un psicólogo dijo: “Tu padre y tu madre son los culpables de que estés en el pozo”.
Un optimista dijo: “Las cosas podrían ser peores”.
Un pesimista dijo: “Las cosas se pondrán peores”.
...

Un hombre compasivo no dijo nada, y le sacó del pozo.

Alumna: María Deceno





jueves, 31 de marzo de 2016

La vasija agrietada


Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas estaba en muy buen estado, y conservaba toda el agua hasta el final del largo camino a pie que recorría el cargador desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero la otra tenía varias grietas por las cuales se escapaba el agua, de modo que, cuando llegaba, sólo tenía la mitad de su carga.
Los amigos del aguador se extrañaban que no quisiera repararla, pues esa imperfección de la vasija le hacía perder dinero. Sin embargo, el aguador explicaba así su extraña decisión:
--Es posible que no entendáis mi manera de proceder, pero... ¿os habéis fijado en las flores tan bellas que crecen a lo largo del camino, justo donde se derrama el agua que sale de las grietas de la vasija? Sembré semillas a lo largo del camino por donde voy, y la vasija rota las ha regado de modo que he podido recoger muchas flores para decorar el altar de mi Divina Madre.

Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados. Uno no deja de reír por hacerse viejo, se hace uno viejo por dejar de reír.

Alumna: Lucila Páez





miércoles, 30 de marzo de 2016

El árbol de los problemas

Un hombre contrató a un carpintero para que le ayudase a hacer reparaciones en su vieja granja. El primer día de trabajo presentó muchos inconvenientes: su cortadora eléctrica se estropeó, lo cual le hizo perder una hora de trabajo; además su camión, ya un poco viejo, se negaba a arrancar.
Ante este percance, el hombre que lo había contratado decidió llevarle a su casa. Casi no habló nada durante el recorrido, pero, al llegar a su casa, le invitó a conocer a su familia. Mientras se dirigían a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando la punta de las ramas con ambas manos.
Cuando se abrió una puerta, ocurrió sorprendentemente una transformación. Su cara bronceada estaba llena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. Posteriormente, acompañó hasta el coche a su empleador.
Éste, antes de despedirse, preguntó al carpintero acerca de lo que le había visto hacer en el árbol un rato antes.

--Oh, ése es mi árbol de los problemas --contestó--. Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa ni a mis hijos. Así que, simplemente, los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego, por la mañana, los recojo otra vez. Lo divertido es --concluyó sonriente-- que, cuando salgo por la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.

Alumna: Julia Rosales







lunes, 28 de marzo de 2016

La memoria

Un hombre de cierta edad fue a una clínica para hacerse curar una herida en la mano. Tenía bastante prisa, y mientras se curaba el médico le preguntó qué era eso tan urgente que tenía que hacer.
El anciano le dijo que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer, que vivía allí. Llevaba algún tiempo en ese lugar y tenía un Alzheimer muy avanzado. Mientras le acababa de vendar la herida, el doctor le preguntó si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana.
—No —respondió—. Ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.
—Entonces —preguntó el médico—, si ya no sabe quién es usted, ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?
El anciano sonrió y dijo:
—Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella.

 Resultado de imagen para pareja de ancianos

Alumna: Lucía Villegas

martes, 15 de marzo de 2016

¿Cómo educar en valores?

Nos preguntamos muchas veces por qué es importante y necesario que eduquemos a nuestros hijos a través de los valores. Educar a nuestros hijos para que aprendan a dar valor a algunas conductas y comportamientos les ayudará a convivir de mejor manera y a sentirse bien en el ambiente en que se encuentren. 


Valores como la amistad, la comprensión, la tolerancia, la paciencia, la solidaridad y el respeto, son esenciales para un sano desarrollo de los niños.

Un niño que conoce el límite del otro, podrá vivir una vida sana y saludable, sea en su entorno familiar o escolar. Un niño que sabe respetar a los demás, será más fácilmente respetado, y así con todo.
Transmitir valores a los hijos


Los valores son las reglas de conducta y actitudes según las cuales nos comportarnos y que están de acuerdo con aquello que consideramos correcto. Al nacer, los niños no son ni buenos ni malos. Con la ayuda de sus padres, educadores y de los que conviven con ellos, aprenderán lo que está bien y lo que está mal decir, hacer, actuar, vivir.

Pero, ¿cómo educar a los hijos en valores? Primero, conociendo cada uno de los valores. GuiaInfantil.com hizo una selección de los principales valores para que los padres hagan un repaso y luego se los enseñen en el día a día a sus hijos, y con ejemplos.

También es preciso recordaros que los niños aprenden con el ejemplo. El ejemplo que dan sus padres en su forma de relacionarse con los demás, de pedir las cosas, de compartir mesa, asiento, de cooperar, de ayudar a los demás, de defender, de reclamar, de tolerar y aceptar. Si los padres no tienen paciencia con su hijo, ¿qué creen que el niño va a aprender? La responsabilidad que tienen los padres en la transmisión de los valores a sus hijos es crucial.