martes, 24 de mayo de 2016

La ley del talión


En una familia, un niño observaba cómo todo el mundo trataba mal al abuelo, un anciano torpe de mucha edad, recriminándole cuando rompía algo, cuando se le derramaba la comida, cuando era incapaz de hacer muchas cosas por si mismo. En vista de sus manos temblorosas, el padre del niño le había hecho un cuenco de madera, para evitar que siguiera rompiendo los platos de cerámica cuando se le caían al suelo.
Un día, el padre sorprendió a su hijo pequeño intentando hacer un cuenco de madera muy parecido al que usaba su abuelo. Ante la pregunta de su padre de por qué hacia eso, el niño respondió: <<Lo estoy haciendo para ti, papá, para cuando seas viejo>>.

      Desde aquel momento,  nadie volvió a tratar mal al abuelo.   

Alumna: Mónica Páez       

Tu valor no cambia


Un orador inicio su seminario mostrando al auditorio un billete de 20 euros. Dirigiendo a los espectadores, pregunto:
--¿Quiénes quieren el billete? 
Muchas manos se levantaron. Luego dijo:
 --Se lo voy a dar alguno de ustedes, pero primero permítanme hacerle esto…
Cogiéndolo  con ambas mano, lo convirtió en una bola, dejándolo todo todo arrugado. Entonces volvió a preguntar:
--¿Quien lo quiere todavía? Las manos volvieron a subir bien ¿y si le hago esto…? lo dejo caer al suelo y lo pisoteo. Lo recogió y volvió mostrarlo al auditorio. Y así, todo arrugado y sucio… ¿Todavía lo quieren? Las manos se mantuvieran arriba. ---
--Amigos han prendido una lección muy valiosa: no importa todo lo que haya echo al billete, ustedes de cualquier manera lo quieren porque su valor no ha disminuido. Sigue valiendo los mismos 20 euros.

“Muchas veces nuestras vidas caemos, nos arrugamos, o nos revolcamos en la tierra por la decisiones q tomamos y por las circunstancias q nos rodean. Llegaos a sentir que no valemos nada. Pero no importa lo que álamos pasado cuanto pueda ocurrirnos, nunca perdemos el valor que tenemos ante los ojos de dios. Sucios o limpios, abatidos o victoriosos, para El somos igualmente valiosos.

Alumno: Sayin Rivero

domingo, 15 de mayo de 2016

LA RANA QUE HACIA LLOVER

Había  una vez, en un pantano muy húmedo, una rana que tenía la capacidad de hacer llover con su canto. Esta rana era feliz siempre estaba saltando y riendo por todos lados lado pero lo que mas le gustaba hacer era cantar, bellas melodías salían de su boca. Pero eso siempre ocasionaba que lloviera .Cada vez que se paraba sobre una gran roca que quedaba cerca de su charco favorito comenzaba a ejercitar su garganta para entonar y, de este modo, las nubes se oscurecían  y grandes relámpagos se veían en el cielo. Cuando veían que  Rimoldo la rana se acomodaba en la roca, todos los animales del lugar huían a buscar un refugio para protegerse de la lluvia que se aproximaría.
Rimoldo estaba feliz por cantar y no le importaba que se mojara. El siempre cantaba: “no hay que enojarse mis amigos por esta lluvia imprevista que al fin y al cabo las gotas no lastiman”. Pero siempre había una lagartija malhumorada que le contestaba “no lastiman pero molestan. ¿Acaso no te das cuenta de que vos atraes la lluvia?”. Él nunca oía las ofensas, porque se concentraba en cada tono de su canción, lo que hacia llover con más fuerzas.
Una tarde que paseaba a los saltos por el pantano, se encontró con todos los animales del lugar reunidos para darle un mensaje: “No quisimos llegar a esto, pero tenemos que decirte que te vayas de aquí. Ya no soportamos que tu canto traiga la lluvia que tanto nos molesta”, dijo una rata que representaba al grupo. Rimoldo se puso tan triste que comenzó a llorar, y dando brincos se fue del lugar.-
Los días pasaron y todos estaban contentos de que ya no lloviera más. Pero la alegría no les duró por mucho tiempo, ya que el sol comenzó a presentarse mas seguido y las sequias comenzaban a atacar. Los charcos desaparecían al secarse, los pisos empezaban a quebrarse por la falta de humedad y las plantas no crecían más por falta de agua. Poco a poco empezaban a extrañar a Rimoldo. Ya ni siquiera las noches eran frescas, todos se lamentaban por lo que habían decidido.
El camaleón se ofreció a ir en busca de la rana que hacia llover. Recorriendo los lugares de la zona pudo encontrarla en un lago sobre una hoja de loto muy triste mirando hacia el agua.
Todos los habitantes del pantano se preguntaban si el camaleón tendría éxito en su búsqueda y sobre todo en el convencer a Rimoldo de que regresara a su antiguo hogar. Un día vieron que la rana y el camaleón volvían juntos. Los animalitos se pusieron contestos, pero Rimoldo seguía triste. Entonces prepararon una fiesta sorpresa para la rana cantante. Una fiesta en donde cada animalito entonaba una melodía diferente, haciendo todos juntos un coro.
Rimoldo se puso tan contento con aquella sorpresa que comenzó a cantar nuevamente y la lluvia retornó al lugar. “Rimoldo, perdónanos por lo que te dijimos, fuimos unos tontos”, dijo la rata que volvía a representar al grupo. La rana los miro y con una gran sonrisa los invito a que siguieran cantando junto a él, bajo la lluvia que no ha de doler.-

Alumna: Herminia Bravo