lunes, 25 de abril de 2016

EL PARAISO

Hace algún tiempo, en un monasterio vivía un monje cuya vida transcurría entre la oración y el trabajo. El poco tiempo que le quedaba, lo invertía en ir a un hospital cercano, donde atendía y cuidaba de la gente necesitada que recalaba allí: ancianos, niños abandonados, enfermos... Había entrado muy joven en el monasterio, y en esa vida agotadora de oración, trabajo y servicio fueron pasando los años.
Un día, recibió la visita de un ángel de luz, que le dijo:
—Vengo a decirte, de parte de Dios, que tus días se han acabado. Vente conmigo al paraíso: tu labor en este mundo se ha cumplido.
Sin dejar de hacer sus faenas cotidianas, el monje replicó:
—No quiero parecer descortés, pero, ¿No podrías venir en otro momento? Todavía no he acabado de hacer la cena y, además, mañana tengo que atender a mucha gente en el hospital.
El ángel asintió, y se marchó. Pasó algún tiempo. El monje iba envejeciendo pero, a pesar de sus cada vez más menguadas fuerzas, seguía con su vida de siempre. Un atardecer, volvió a recibir la visita del ángel, y el monje volvió a excusarse, diciéndole que todavía no podía acompañarle, pues tenía muchas cosas que hacer.
Las visitas se repitieron algunas veces más, pero el monje siempre daba evasivas, y seguía con sus tareas. Hasta que un día, el monje se sintió muy viejo y muy cansado, y comprendió que, aunque quisiera, ya no podría seguir haciendo su vida de siempre. Por eso, cuando volvió a recibir la visita del ángel de la muerte, no se resistió, y le pidió que, ahora sí, le llevara por fin al paraíso, para poder descansar. Al oír su petición, el ángel le contestó:
— ¿Qué quieres ir ahora al paraíso? ¿Dónde te crees que has estado durante todos estos años?

Alumno: Ezequiel Cuenca
 


domingo, 17 de abril de 2016

El destino

Un discípulo se acercó a su maestro de sabiduría y le dijo:

--Maestro, encontré a un caracol en la carretera, lo cogí y lo 

puse en mi jardín para que no fuera aplastado por lo coches.

El maestro respondió:

--¡Idiota!, ¿cómo te atreves a perturbar el destino de esa 

criatura?

El discípulo se marchó avergonzado, volvió a su jardín y,

tomando nuevamente al caracol, lo devolvió a la carretera.

Nuevamente volvió a su maestro y le dijo:

--Maestro, devolví el caracol a su lugar para que se siguiera el

 curso de su destino.

El maestro le dijo otra vez:

--¡Idiota!, ¿cómo te atreves nuevamente a perturbar el

destino de esa criatura?

Alumno: Matías Rosales




El pozo


Un hombre cayó en un pozo, y no podía salir.
Una persona subjetiva pasó y le dijo: “Lamento que estés allí abajo”.
Una persona objetiva pasó y le dijo: “Era lógico que alguien se iba a caer en ese pozo”.
Un fariseo pasó y le dijo: “Sólo las personas malas caen en pozos”.
Un matemático calculó cuán profundo era el pozo.
Un periodista quería la historia exclusiva sobre la caída en el pozo.
Un inspector de Hacienda quiso saber si estaba pagando impuestos por el pozo.
Un vendedor dijo: “No has visto nada si no has visto mi pozo”.
Un predicador de plagas y castigos dijo: “Te mereces el pozo”.
Un científico observó: “El pozo está en tu mente”.
Un psicólogo dijo: “Tu padre y tu madre son los culpables de que estés en el pozo”.
Un optimista dijo: “Las cosas podrían ser peores”.
Un pesimista dijo: “Las cosas se pondrán peores”.
...

Un hombre compasivo no dijo nada, y le sacó del pozo.

Alumna: María Deceno